Coherencia Cuántica Biológica . Galería De Biografías C. C. B.

ANTONIO MEUCCI El verdadero inventor del teléfono

ANTONIO MEUCCI

El verdadero inventor del teléfono

Robert Goodman

En la biografia abreviada de Auntonio Meucci, el investigador norteaméricano Gerry Vassilatos decía en 1996 las siguientes palabras: " En su calidad de ser el primer inventor de las artes de la telefonía, los aficionados que co0nocen su entrañable biografía, le aplauden con toda justicia como el verdadero padre del teléfono". Seis años después, el 17 de junio del 2002, el Congreso de EEUU reconocía a Meucci como el verdadero inventor del teléfono, hallazgo que realizó años antes que Alexander Graham Bell.
En relación con su extraordinaria y trágica vida, la declaración oficial constataba que la demostración del "teletrófono" de Meucci, realizada en Nueva York en 1860, le convierte en el inventor del teléfono, puesto usurpado por Bell que había tenido acceso a los dispositivos y documentación del italiano, patentándolos como suyos dieciseis años después.

Antonio Meucci nació en 1808 en Italia y estudió diseño e ingeniería mecánica en Florencia. Mientras trabajaba como técnico de teatro en esta misma ciudad, inventó un sistema de telefonía primitiva que consistía en unas latas unidas con una cuerda para comunicarse con sus colegas de un lado al otro del escenario.

Hacia 1830, Meucci y su familia emigraron a Cuba, estableciendose en La Habana. Al poco de llegar, se dedicó a la investigación lo que le llevó a desarrollar una nueva técnica para electrochapar metales. Su método se aplicó a toda clase de equipos militares cubanos, ganando fama y reconocimiento en su país de adopción, como investigador científico y creador de nuevas tecnologías.

Durante su trabajo como jefe técnico del Teatro Tacón de la Ópera de La Habana, diseñó varios sistemas eléctricos de control, tales como varios reostatos eléctricos que permitían un funcionamiento s3eguro y controlado de las lámparas cerradas de arco de carbón, mientras unos dispositivos levantaban, bajaban, abrían y cerraban los pesados telones.
Antonio Meucci, fascinado por la fisiología humana y sus respuestas eléctricas se dedicó a estudiar la electromedicina. Montó un laboratorio experimental en una sala detrás del teatro, en la cual se dedicó a investigar las capacidades curativas de los impulsos eléctricos. Apolicaba éstos, de forma moderada, mediante unas bobinas pequeñas de inducción a sus pacientes con la intención de aliviar sus enfermedades, lo que le llevó a averiguar que en el control preciso de la intensidad y dura ción del impulso estaba el secreto de la técnica.

Convencido de que la electromedicina era una panacea para ciertos dolores y cuadros físicos, Meucci creó unos catálogos de intensidades y duraciones de los impulsos necesarios para tratar distintas enfermedades. Para poder controlar estos parámetros, inventó unos reostatos especiales que le permitían generar impulsos eléctricos de bajísimas intensidades y reducida duración. En su opinión, la nueva tecnología podría proporcionar a los médicos un instrumento casi infalible para curar muchas dolencias, sin tener que depender de los medicamentos.
Entre sus pacientes estaban los empleados del teatro, que opinaban que el éxito de la electromedicina era absoluto. Meucci prestó mucha atención a la colocación y tamaño de los electrodos aplicados al cuerpo. Situaba unos electrodos muy pequeños en contacto con el cuerpo en puntos neurales específicos, produciendo un efecto analgésico. Antes de aplicar las corrientes eléctricas a otras personas, experimentó consigo mismo, para evaluar las características de las aplicaciones después, trató a su mujer, enferma de artritis.

Sería este trabajo el que le conduciría a la invención del teléfono. En 1849, cuando Meucci tenía cuarenta y un años, recibió la visita de un paciente que sufría de una migraña terrible. El italiano hizo que se sentara y le colocó un pequeño electrodo de cobre en la boca. A la vez, el paciente tenía que sostener una varilla de cobre en la mano. El dispositivo de impulsos eleéctricos estaba en la habitación de al lado. Meucci se fue a esa habitación y colocó un electrodo de cobre idéntico en su propia boca y sosteniendo el otro (una varilla) para averiguar la intensidad mas debil posible.

Después, mandó a su paciente que se relajara esperando a que el dolor se mitigara. Este pronto sintió un cosquilleo casi imperceptible en su boca y gritó por la sorpresa recibida. Durante unos intantes, Meucci se olvidó del paciente de la otra habitación, proque había sentido el grito en su propia boca. Tras cerciorarse de que el enfermo no estaba pasando un mal rato, repitió el experimento, pero esta vez con las puertas cerradas. De nuevo, oyó la voz lejana ¿en su propia boca! La vocalización era nítida y diferente a la voz apagada que se podía escuchar detrás de la puerta. Era un descubrimiento sensacional; acababa de experimentar el efecto fisiofónico. Además, la migraña del paciente desapareció porque el tratamiento con impulsos "desintegró " el dolor.
Gracias a sus sencillos experimentos curativos, determinó la historia futura de las técnicas telefónicas y lo acaecido con el paciente que padecía migraña -repetido en otras ocasiones, con diferentes personas y a distancias de cientos de pies- demostró que los órganos auditivos no eran necesarios para oir. Como dice Gerry Vassilatos en la biografía de Antonio Meucci: "descubrió que las vibraciones orales estaban cambiando la resistencia del circuito: los musculos orales vibraban con el suministro de corriente. Los sonidos hablados eran reproducidos como una corriente eléctrica vibratoria en la línea cargada que puede sentirse y "ser oido" por los nervios y tejidos musculares".

Veinticinco años después, Elisha Gray redescubrio el fenómeno en Norteamérica desarrollandolo en una tema de gran importancia científica. Tiempo después, estas demostraciones de Meucci y Gray aparecieron en cartas de Bell quien plagio y copió los trabajos anteriores.

Poco después de descubrir la fisiofónica, Meucci se estableció en Nueva York donde exploró distintos métodos para hacer vibrar la corriente eléctrica con la voz. Entre 1850 y 1862 desarrolló mas de treinta modelos distintos. Los primeros empleaban el principio del bucle vibratorio de cobre que había descubierto en La Habana. Sustituyó los conos de papel por cilindros de estaño para aumentar el anillo resonante. Experimentó con membranas finas de animales, que vibraban al conectarse con la tira de cobre vibrante.

Para aumentar las amplitudes vocales, envolvió finas bobinas electromagnéticas alrededor de sus electrodos de cobre. En una segunda serie de aparatos, probó el uso de vibradores magnéticos. En diseños sucesivos recurrió a una gran variedad de bucles, bobinas y varillas de acero blando y herraduras de hierro. Para su sistema de telefonía consiguió la energía mediante grandes baterias situadas debajo de su casa, hasta que descubrió que podía conectar las líneas con la tierra mediante grandes placas desiguales. Al desconectar las baterias el sistema continuaba funcionando, alimentado únicamente por la corriente del suelo.
El inventor italiano dibujaba todos sus diseños junto con las descripciones, pero no contaba con fondos para obtener la atención de posibles patrocinadores. En 1864 sufrió un grave accidente de barco que le produjo quemaduras muy severas, por lo que tuvo que vender sus modelos originales a un chatarrero por seis dólares, para pagar los gastos médicos necesarios. Mas tarde, en 1871 no consiguió reunir los 250 dólares necesarios para pagar una patente que protegiera su invención para poder darla a conocer.

Con su trabajo sin proteger, tres años después, entregó sus modelos a W. B. Grant, Vicepresidente de Western Union District Telegraph Company para que los probara. Desgraciadamente, Grant desapareció con los modelos.

Finalmente, en 1876, leyó en un periodico que Alexander Graham Bell había inventado el teléfono. Comprobó que había usado modelos idénticos a los suyos. Entre 1876 y 1889, año de su muerte, luchó para demostrar los derechos sobre su invención, robada por Bell. Al no contar con medios económicos, perdió la batalla. Han tenido que pasar 113 años desde su muerte para que el Congreso de Estados Unidos le diera la razón y reconociera el plagio de Bell. Esperemos que los descendientes de éste comprensen adecuadamente a los del desgraciado inmigrante italiano.
 
   
 
Neuralterapeuticum.org ® Todos los derechos reservados (2003)

Diseño y desarrollo - Cohete.net