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"NO NECESITAMOS QUE NADIE NOS DIGA LO QUE TENEMOS QUE HACER"
Mariano Rajoy Presidente del Gobierno Español |
El nuevo “chico de los recados” de la élite criolla, Mariano Rajoy, expresa una vez más, y a la perfección, el talante latino frente a quienes ostentan el poder: “El Gobierno que presido sabe perfectamente lo que tiene que hacer”. Cierto. Pero silencia lo esencial. Antes de asumir la Presidencia del Gobierno los dueños de España ya le habían puesto delante el planning para llevar a cabo las gestiones económicas pertinentes en detrimento de las clases menos favorecidas y así la élite criolla y las corporaciones internacionales poder entrar a saco en las ya míseras huchas de obreros y campesinos.
La España-cigarra fue apeada del burro inmobiliario que con tan poco acierto y habilidad cabalgó durante años con el estandarte desplegado de la venerada trinidad española de los negocios, frente a las turbulencias del capitalismo salvaje : bueno, bonito y barato. Puede que algún día se reescriba la corta, pero increíble, historia de una nación que en pocos años se enriqueció, pero aún más increíble cómo en pocos meses se arruinó.
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Y mientras el anodino presidente de España recalca sus palabras en un intento vano para creérselas, el mapa de España asemeja un alfiletero pletórico de marcas rojas que señalan las comunidades y regiones en las que se han cometido casos de corrupción. Asemeja un prado plagado de amanita muscaria, por cierto, una seta muy tóxica y alucinógena.
La condena a priori del juez Garzón por parte de la máxima instancia de la judicatura representa un grave retroceso en la famélica democracia española.
Mientras Garzón es sentado en el banquillo de los acusados, no por su actuación contra la trama Gürtel (léase Partido Popular) sino como consecuencia de la lacra secular que pervive en las entrañas de la envidiosa sociedad española: no soporta que uno de los suyos destaque por sus méritos sino por sus defectos.
The Economist: “Hay quien considera que todo este caso contra Garzón consiste en que hay unos jueces envidiosos que están deseando librarse de un colega que les eclipsó”. España patética, sencillamente patética.
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Y para redondear la cuadratura del esperpento “a la española”, es decir intentar que encaje lo incajable, la grotesca escena preñada de complicidad e inmoralidad que protagonizó el presidente de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Joaquín Jiménez, a quién el infame micrófono le jugó, en su caso, una letal pasada. El micrófono abierto frente a él dejó al descubierto el criminal contubernio entre el Poder Judicial y el Ejecutivo.
El teléfono móvil de su señoría trepidó en el momento menos oportuno y en el lugar menos adecuado: “Es la Moncloa” retumbaron los altavoces de la sala. “El desastre había tenido lugar. En un vano intento de remediar lo irremediable su señoría alargó el brazo para silenciar el chivato electrónico al tiempo que se llevaba la mano a la boca. ¿Podrá el resonar de un móvil convertirse en la campana que salve a Garzón de sus depredadores?
La honorabilidad y respetabilidad del Tribunal Supremo del Reino de España ha quedado irremediablemente dañada tras el esperpento protagonizado ya no sólo por un indiscreto micrófono sino por la catadura de sus protagonistas.
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Representantes de la Comisión Internacional de Juristas, de Amnistía Internacional y de Human Rights Watch vigilarán el desarrollo del juicio contra Garzón por investigar crímenes del franquismo, ya que estiman que la decisión del Tribunal Supremo incidirá sobre otras causas abiertas por delitos de jurisdicción universal, de la que España fue pionera, a través del magistrado que ahora es juzgado.
Según el representante de Human Right Watch, Reed Brody, "es la primera vez que se procesa a un juez por defender los derechos humanos. La primera vez en la UE que un juez es sometido al derecho penal por defender derechos humanos y perseguir crímenes internacionales" . Para el jurista americano, "es paradójico que sea juzgado por intentar aplicar los mismos principios que llegó él a promover en el ámbito judicial mundial", con las investigaciones de las dictaduras de Chile y Argentina.
"Abandonar a un juez que aplica la justicia universal en favor de las víctimas, significa atentar y quebrantar uno de los pilares del Estado de Derecho", ha señalado el presidente de la Comisión Internacional de Juristas, Pedro Nikken.
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| “Ver a los responsables de la trama Gürtel y a los gerifaltes del franquismo como víctimas y al juez que atrapó a los primeros y que osó desafiar el tabú judicial sobre la dictadura como verdugo, es una imagen que proyecta todo tipo de sombras sobre las instituciones españolas y resulta incomprensible para gran parte de la prensa extranjera”. El artículo Regreso al pasado, del columnista Josep Ramoneda -El Pais/22-01-12- expresa en su justa proporción el espíritu cainita, vengativo, arribista del controvertido carácter español: “Decir, como Núñez Feijoo que Fraga tuvo la mala suerte de haber nacido en un régimen sin libertades es patéticamente enternecedor. Decir, como Mariano Rajoy, que Fraga sentía pasión por la libertad genera dudas preocupantes sobre la idea de libertad que tiene el presidente del Gobierno. Buena parte de la oposición se ha sumado al espectáculo. |
| Josep Ramoneda continúa: “La despedida a Fraga nos ha recordado cómo todavía pesan algunos tabúes construidos en la Transición. Todavía hay miedo a hablar mal del mal, ha hablar de la dictadura por su nombre. Y proliferan los eufemismos para rebajar la calidad dictatorial del régimen anterior. En este sentido, Fraga no deja de ser un símbolo de una democracia lastrada por su incapacidad de afrontar el pasado. |
Amén de la inmediata propuesta lanzada por la primera alcaldesa de la historia de la capital española, Ana Botella, esposa del ex presidente de España, José María Aznar: dedicarle a Fraga Iribarne una calle o plaza. Propuesta, por supuesto que hizo saltar las alarmas en los millares de damnificados de la guerra civil y partidos de la oposición.
Javier Marías, en su artículo “La esfinge asiria” publicado en El País Semanal – 22-01-12- deja reflejado la torticera actuación del partido Popular mientras estaba en la oposición y ahora cuando gobierna con mayoría absoluta:
“El griterío permanente de los últimos años ha cesado como por ensalmo, lo cual es prueba irrefutable de que la vociferación viene casi siempre de la derecha, cuando no está en el poder. Así fue en la época de la crispación, entre 1993 y 1996: en la primera de esas fechas el PP creyó que se alzaría con la victoria, y como no fue así, sus portavoces y conspiradores se pasaron tres años maldiciendo y calumniando a diario. Así fue también tras la victoria del PSOE en 2004: toda la legislatura fue un incesante escándalo, se puso en cuestión la legitimidad del Gobierno un día tras otro y se lo acusó de las más rocambolescas maniobras imaginables en relación con los atentados del 11-M.
… “Y la mayoría absolutísima del PP ha dado lugar a una especie de fatalismo entre la población, y de parálisis en consecuencia: harán lo que quieran, nadie les podrá coartar ni discutir ni poner condiciones a cambio de apoyo, porque esta vez no precisan de ningún apoyo, se bastan y se sobran con sus escaños, no han de tener en cuenta a nadie. Quizá por eso no se rechista ni se les reprocha apenas que hayan subido los impuestos a toda velocidad- más a las clases medias que a las grandes fortunas- tras jurar que eso nunca lo harían, sino si acaso bajarlos. Ni que hayan congelado el salario mínimo y el de los funcionarios y hayan reducido las pensiones. Ni que ya no prometan la creación masiva de empleo, ni que no digan palabra sobre la situación de una de sus Comunidades emblemáticas, la Valenciana, que amenaza precipitada ruina tras lustros de control del PP y fastos ridículos y corrupción endémica con destrucción del litoral.
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…”Personalmente, siempre me ha parecido un cabeza hueca… un hombre sin ideas y desde luego sin ímpetu, sin capacidad para entusiasmar a la gente, ni siquiera para crearle ilusión o esperanzarla. Eso no quita para que, consciente de sus limitaciones, pueda poseer cierta astucia .La astucia clásica de las personas sin ideas consiste en hacerse la esfinge: permanecen calladas mientras los demás parlotean, se muestran enigmáticas e inescrutables, consiguen que los otros se mantengan a la expectativa de sus escasos pronunciamientos, a los que se acaba por dar valor sólo por eso, por su escasez…
…”Pero la actitud que hasta ahora está adoptando me recuerda, de lo que yo he conocido, más a la de Franco que a la de ningún otro gobernante posterior. Los jóvenes lo ignoran y los maduros lo van olvidando, pero aquel aciago individuo era así: hermético, imperturbable, cazurro, frío, taimado. Sólo hablaba en discursos memorizados, rutinarios, hueros. Lanzaba a sus ministros por delante, los hacía quemarse, los nombraba o destituía sin dignarse comunicárselo (eran famosas las visitas de un motorista con la notificación del cese. Y por supuesto, jamás se rebajaba a dar explicaciones a nadie”
...”Rajoy anda desaparecido, no ha dicho “esta boca es mía” y se lo ha dejado todo a sus subordinados, como si nada fuera con él. Se está haciendo la esfinge asiria (éstas eran barbadas), a diferencia de las egipcias y griegas.
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El catedrático de Sociología, Ignacio Sotelo nos regala (sección “Opinión” El País -28-12-11)- algunas perlas de la historia reciente de España en su artículo “Elementos franquistas de la crisis” para comprender la caótica e incoherente sociedad española. Una sociedad, que al día de hoy, ignora los recovecos del “trasvase” de la dictadura fascista a la llamada “democracia a la española”:
“Importa recordar que la fracción reformista del franquismo, capitaneada por la Corona llevó a cabo la transición “de la legalidad a la legalidad”. A la “ley para la reforma política”, la última Ley Fundamental del franquismo y la primera del nuevo régimen, debemos entre otras instituciones “la Monarquía parlamentaria”. Preconstitucional franquista fue también la primera ley electoral, basada en listas cerradas y bloqueadas que en marzo de 1977 el presidente Adolfo Suárez se sacó de la manga y que con pequeñas modificaciones sigue vigente. Favorece descaradamente a los dos primeros partidos nacionales y a los que concentren su voto en una provincia.
A este respecto no cabe la menor duda sobre el origen franquista de la baja calidad de nuestra democracia. Claramente franquistas son algunos aspectos específicos de la crisis, como la burbuja inmobiliaria y el fraude fiscal. En la penuria de la España de la posguerra- que se prolongó hasta mediados de los cincuenta, fecha en que la renta nacional alcanzó el nivel de 1936, veinte años dolorosamente perdidos- no hubo más remedio que congelar los alquileres para mantener una mínima estabilidad social. Al desaparecer la oferta de vivienda de alquiler, la única posibilidad de conseguir un piso era comprándolo. El negocio resultó suculento para los dueños del suelo que lo vendían cada vez más caro.
Para los constructores que al poco tiempo recuperaban la inversión con sólidas ganancias, para los bancos a los que las hipotecas les aseguraban intereses altos a largo plazo, en fin para los Ayuntamientos que con actuaciones legales conseguían grandes entradas, a la vez que quedaba un amplio margen para la corrupción instalada desde siempre.
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