| • Reflexiones
sobre el lenguaje que solemos emplear •
¿A que denominamos conocimiento?
A una cierta manera de tener y de ver por sí mismo.
Todo ser dotado de una relativa inteligencia
aspira a tener y a ver por sí mismo. Las percepciones
le dan un punto de apoyo que él va a utilizar, como
mejor le convenga, para soportar el andamiaje de sus propias
concepciones.
El conocimiento depende
de tres factores esenciales.
Tiempo Espacio
Evolución
No conoce de la misma manera el hombre
anclado en la estructura mental del tiempo primitivo, del
ambiente ingenuo como el individuo de los tiempos clásicos
y modernos.
El espacio en los tiempos ingenuos
se concreta en un ambiente de imágenes casi tangibles,
de formas al alcance de la mano. El espacio
del tiempo preclásico, el hábitat,
empieza a cargarse de símbolos, de formas concretas.
En los tiempos ingenuos el hombre vio la forma y su grado
de evolución le indicó como servirse de ella.
Formó símbolos confusos de todo aquello que
no lograba racionalizar. Alegorizó a los cuatro elementos
– tierra, fuego, aire, agua – que le sirvieron
únicamente para la subsistencia corporal y los puso
en relación con las fuerzas sutiles de la Naturaleza
a las que dotó de posición antropomórfica.
La intuición, en aquel entonces, traicionó al
discernimiento. No obstante la evolución había
logrado una curva en su espiral ascendente que
proporcionaba alimento sustancial a la par que material.
En los tiempos modernos se desvelan
los mitos, se libera a la fuerza y se la obliga a servir al
hombre. El átomo era la última expresión
de la materia. Se le embotelló y se le arrojo al fondo
del mar. Allá durmió como genio maligno, durante
veinticinco siglos. Dos milenios y medio son un segundo en
el devenir cósmico. Hoy la evolución capacitó
al hombre para arrancarle al átomo su secreto. De puro
símbolo en las leyendas de las Mil
y Una Noches, y en general de toda la época
primitiva, pasó a ser la fórmula más
aterradoramente concreta. ¿Cuáles son los cimientos
de la ingente proeza? Tiempo,
espacio y evolución. Esta trinidad ha llevado
al hombre moderno al reconocimiento perfecto de que las mas
elevadas leyes de la Naturaleza asumen la categoría
de una representación cuantitativa. Esto es, que el
universo considerado como un todo, es una geometría
realizada en cuanto a su estática
y una aritmética viviente en cuanto
a su desarrollo evolutivo.
Pero, ¿podemos llegar al conocimiento
real de la Realidad?. Que es en sí la Metafísica?.
Es la doctrina fundamental de la Realidad. Al tratar de buscar
una solución a este problema básico, se suscita
una multiplicidad de concepciones que, hasta el presente,
se acoplan y se debaten entre sí en forma violenta.
En verdad son concepciones de la mente humana en determinado
momento de su evolución, de acuerdo con la capacidad
del pensador para ver y tener por sí mismo. En un instante
preciso el hombre ve y siente el fenómeno y quiere
sumergirse en lo profundo de la causa que lo generó.
Al principio, con la filosofía clásica que trataba
de tiempos y espacios absolutos, todo encajaba mas o menos
bien, pero al parecer la concepción einsteniana
que sostiene que tiempo y espacio son relativos, hay que cambiar
necesariamente el concepto preestablecido y tratar de fundir
lo reciente en crisoles que si bien se alimentan de un viejo
fuego, aquilatan metales nuevos. Como dijera Max Planck :
“Las grandes ideas científicas no acostumbran
a conquistar el mundo por adhesión de sus adversarios,
los cuales acaban por convencerse de su verdad y finalmente
las adoptan. Es muy raro que un Saulo se convierta en San
Pablo. Lo que ocurre es que los enemigos de las nuevas ideas
desaparecen o mueren y las generaciones se forman en el ambiente
de las nuevas verdades. Quien posee la juventud es dueño
del porvenir”.
En un principio el conocimiento es
un “ saber” que en el hombre natural se manifiesta
por un sentido de conservación. El primitivo “supo
como nutrir” su cuerpo. El preclásico experimentó
la necesidad de estimular una curiosidad ya de otro orden.
Forjó leyendas y vivió mitos como respuesta
al eterno interrogante: ¿ de donde vengo, a donde voy?.
Fue necesario que transcurrieran milenios
para que surgiera en el escenario del pensamiento el divino
Platón, que es el primero en unir el sentido místico
a la intuición científica. Otro concepto que
necesitó de varias centurias de siglos, y ahora apenas
se perfila con la teoría inacabada del Campo Unificado,
fue la unidad de todas las fuerzas. A cada una de ellas se
le creyó una unidad separada y que actuaba en su propio
rango con fuerzas inferiores subordinadas a su exclusivo servicio.
La credulidad
retrasó y continua retrasando al conocimiento. Creer
no es conocer, no es entender, no es saber. Sencillamente
es contentarse con aceptar las ilusiones que otros han creído
y que a la larga han convertido en “sistema”.
Si nos limitamos a creer solamente, el conocimiento se para,
se detiene. Todos creemos en la Teoría de la Relatividad,
¿ pero de qué nos sirve si no logramos conocerla,
saberla y aplicarla?. Protágoras la había enunciado
ya en el siglo de Pericles:
“El hombre
es la medida de todas las cosas”
Por un momento la pequeña minoría
griega aceptó la máxima y su corolario: “No
hay, pues, nada absoluto, la verdad puede ser negada, todo
derecho discutido, toda conclusión puesta en duda”.
Pero esa minoría fue arrollada por la masa ignara y
los sabios hubieron de refugiarse en la cicuta. La ilusión
de los dioses asesinó a la esencia del saber.
El mito es el primer
conocimiento que adquiere el hombre de sí mismo y del
mundo que lo rodea y conforme a ese conocimiento establece
sus relaciones armoniosas o perturbadoras. Para él
el mito es un estado de conciencia convertido en realidad.
La conciencia mítica es de tal manera que abarca la
totalidad. Su única categoría es la unidad concreta.
Su ontología no admite disociaciones. Los modernos
desintegramos para conocer. El primitivo, al contrario,
acopla para identificarse con el todo. Aspira,
sin saber por qué, a reintegrarse en el universo mediante
un dinamismo común.
Qué es un rito? Un mito puesto
en acción. El rito apunta directamente al fondo del
mito. Lo suscita, lo refina y lo reencarna cuantas veces lo
desea. Tiene la virtud de mantener latente el mito. El héroe
que le dio origen desapareció hace centenares de años
pero el rito lo resucita y lo pone al alcance de la mano.
El mito opera en un tiempo transpersonal que ejerce autoridad
para toda extensión del tiempo temporal.
La masa, creyente del mito,
toma por verdad la realidad de la cueva de Platón,
y repite esa realidad hasta convertirla en estado de conciencia
en su completa integridad. El discípulo de Platón
sabe que la sombra, que es una realidad, no es una verdad.
El vive en el mundo de la conciencia reflexiva.
Tomado de “ de la mentalidad
primitiva a la conciencia del átomo”
Clemencia Rath, Editorial Kier, 1971
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