Historia
El primer anestésico local que
se descubrió fue la cocaína, un alcaloide contenido
en grandes cantidades (0,6 al 1,8%) en las hojas de la Erythroxylon
coca, un arbusto que crece en los Andes, de 1000 a
3000 m. sobre el nivel del mar. Casi 9 millones de kilogramos
de estas hojas son consumidos anualmente por unos 2 millones
de habitantes de las tierras altas de Perú, que mastican
o succionan las hojas por la sensación de bienestar
que producen.
El alcaloide puro fue aislado por primera vez por Niemann
quien observó que tenía sabor amargo y producía
un efecto curioso en la lengua, dejándola insensible
o poco menos. Von Anrep en 1880 observó que la piel
se hacía insensible al pinchazo de un alfiler cuando
la cocaína se infiltraba subcutáneamente. Recomendó
que el alcaloide se usara clínicamente como anestésico
local, pero su sugerencia no fue aceptada y la introducción
de la cocaína en la práctica clínica
se atribuye a dos jóvenes médicos vieneses,
Sigmund Freud y Karl Koller. En 1884, Freud realizó
un estudio general de los efectos fisiológicos de la
cocaína (Byck, 1975) Se impresionó en particular
con las acciones centrales de la sustancia y la utilizó
para curar a uno de sus colegas del hábito de la morfina.
Tuvo éxito en este intento, pero a costa de producir
uno de los primeros cocainómanos de los tiempos modernos.
Koller comprendió pronto que las propiedades anestésicas
de la cocaína tenían gran importancia práctica
y la utilizó en oftalmología como anestésico
local.
Al poco tiempo, Hall en 1884 introdujo la anestesia local
en la odontología y al año siguiente, Halsted
demostrando que la cocaína podía detener la
transmisión en los troncos nerviosos, sentó
las bases de la anestesia por bloqueo nervioso en cirugía.
Corning, en 1885, produjo anestesia raquídea en perros,
pero pasaron varios años antes de que su técnica
se empleara en cirugía clínica.
La búsqueda química de sustitutos sintéticos
de la cocaína comenzó en 1892 con los trabajos
de Eimhorn y col que en 1905 culminaron con la síntesis
de la procaína, que es todavía un prototipo
de las drogas anestésicas locales.
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Propiedades deseables en los anestésicos locales
Un buen anestésico local debe
combinar varias propiedades. No debe ser irritante para el
tejido al que se aplica, ni debe causar daños permanentes
a la estructura nerviosa. La mayoría de los anestésicos
locales de uso común cumplen estos requisitos.
Su toxicidad sistémica debe ser baja porque eventualmente
se absorbe de su sitio de aplicación. El anestésico
local ideal debe ser efectivo cuando se lo inyecta en un tejido
y también cuando se lo aplica localmente a las mucosas.
En general, es importante que el tiempo requerido para la
iniciación de la anestesia sea lo más breve
posible. Además, la acción debe durar lo suficiente
para permitir la cirugía planeada, pero no tanto que
el periodo de recuperación sea largo. Muchos agentes
satisfacen esta última condición. A veces, una
acción anestésica local que pueda durar días,
semanas y hasta meses es deseable, por ejemplo en el control
del dolor crónico. Lamentablemente, los compuestos
conocidos que se emplean para la anestesia de tan larga duración
tienen gran toxicidad local. Se produce neurólisis
con esfacelo y necrosis de los tejidos vecinos, y también
puede llegarse a lesión transversal parcial o total
de la médula espinal con parálisis permanente
si esta reacción se produce en la cercanía del
raquis.
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Propiedades generales
Los anestésicos locales tienen
muchas acciones en común, y antes de ocuparnos de la
farmacología individual de sus miembros consideraremos
estas propiedades generales:
Química y relación entre estructura y actividad
Las estructuras de la mayoría de los anestésicos
locales útiles, contienen centros hidrófilos
e hidrófobos generalmente separados por una cadena
alquilica intermedia. El grupo hidrófilo es generalmente
una amina terciaria, pero también puede ser una amina
secundaria; el centro hidrófobo es un residuo aromático.
El enlace con el grupo aromático es de tipo estero
amida y su índole determina algunas propiedades farmacológicas
de estos agentes. El enlace éster es importante porque
se hidroxila con facilidad durante la degradación e
inactivación metabólica en el organismo. Por
ejemplo, la procaína puede dividirse en tres porciones
principales: grupo acida aromático (paraaminobenzoico),
el grupo alcoholico (etanol) y el grupo amino terciario (dietilamino.
Los cambios en cualquier parte de la molécula alteran
la potencia anestésica y la toxicidad del compuesto.
Aumentando la longitud del grupo alcohólico se obtiene
mayor potencia anestésica y también mayor toxicidad,
de modo que los compuestos con un éster etílico
como la procaína son los menos tóxicos. La longitud
de los dos grupos terminales del nitrógeno amino terciario
tiene importancia similar. La relación estructura-actividad
y las propiedades fisicoquímicas de los anestésicos
locales han sido reseñada por Büchi y Perlia.
Mecanismo de acción
Los anestésicos locales impiden la producción
y la conducción del impulso nervioso. Su principal
sitio de acción es la membrana celular, y al parecer
hay poca acción directa de importancia fisiológica
sobre el axoplasma en la concentración empleada para
producir anestesia local. Los trabajos de Hodgkin, Huxley
y col. Han permitido conocer mejor la naturaleza del impulso
nervioso, y ahora es relativamente fácil explicar,
al menos en parte, la acción de los anestésicos
locales dentro del marco de la teoría iónica
de la actividad nerviosa.
Los anestésicos locales y otras clases de agentes (alcoholes
y barbitúricos) bloquean la conducción disminuyendo
e impidiendo el gran aumento transitorio de la permeabilidad
de la membrana a los iones de sodio que se produce por una
ligera despolarización de la membrana.
A medida que la acción anestésica se desarrolla
progresivamente en un nervio, el umbral de excitabilidad eléctrica
aumenta gradualmente y el factor de seguridad de la conducción
disminuye; cuando esta acción está lo suficientemente
bien desarrollada, se produce el bloqueo de la conducción.
La elevación de la concentración de calcio en
el medio que baña a un nervio tiende a aliviar el bloqueo
de la conducción producido por los anestésicos
locales. Este alivio se produce porque el calcio altera el
potencial superficial de la membrana, y por ende el campo
eléctrico transmembrana. Esto a su vez reduce el grado
de inactivación de los canales de sodio y la afinidad
de estos últimos por las moléculas de anestésico
local. Sin embargo, el calcio también puede intensificar
el grado de bloqueo de la conducción alterando la cinética
de la apertura del canal de sodio.
Los anestésicos locales también reducen la permeabilidad
del nervio en reposo al potasio y al sodio. Dado que los cambios
de permeabilidad al potasio requieren mayores concentraciones
de anestésicos locales, el bloqueo de la conducción
no se acompaña de ningún cambio grande ni constante
del potencial en reposo.
Los análogos cuaternarios de los anestésicos
locales bloquean la conducción cuando se aplican internamente
a los axones gigantes perfundidos del calamar, pero son relativamente
ineficaces por aplicación externa. Estas observaciones,
junto con otras de los efectos de diferentes pH sobre la potencia
de aminas terciarias relacionadas, sugieren que el sitio de
acción de los anestésicos locales, por lo menos
en su forma iónica, es accesible únicamente
desde la superficie interna de la membrana. Los anestésicos
locales aplicados externamente deben pues cruzar primero la
membrana en la forma no cargada, para poder ejercer una acción
bloqueante. Además, varios estudios muestran que la
unión de la forma iónica del anestésico
local al receptor depende del voltaje, en forma tal que sugiere
que el receptor está mas o menos a mitad de camino
del canal de sodio. La potencia anestésica relativa
de una serie de compuestos es exactamente paralela a su efectividad
para aumentar la tensión superficial de películas
monomoleculares de lípidos. Con la base de estos trabajos,
Shanes en 1958 sugirió que los anestésicos locales
producen el bloqueo aumentando la tensión superficial
de la capa lipídica que constituye la membrana nerviosa
cerrando así los poros a través de los cuales
se mueven los iones. Esto causaría una disminución
general de la permeabilidad en reposo y también limitaría
el aumento de permeabilidad al sodio, el cambio fundamental
necesario para generar el potencial de acción.
En contraste, Metcalfe y Burgen en 1968 han sugerido que los
anestésicos locales afectan la permeabilidad aumentando
el grado de desorden de la membrana. La reversión parcial
del bloqueo anestésico local por presión externa
elevada concuerda con esta última opinión. Sin
embargo, por lo menos un mecanismo de acción de los
anestésicos locales involucra su combinación
con un sitio receptor específico dentro del canal de
sodio, que así queda físicamente bloqueado.
Las proteínas que comprenden el canal de sodio han
sido purificadas minuciosamente y reconstituidas en forma
funcional hace poco, de manera que en un futuro próximo
se tendrá un conocimiento mas completo del mecanismo
de acción de los anestésicos locales. El canal
de sodio del mamífero consistiría en tres subunidades
disímiles de proteínas glucosiladas con un peso
molecular total mayor de 300.000 daltons. Tras la incorporación
de los polipéptidos purificados en vesículas
de fosfolípidos se produce flujo de sodio hacia las
vesículas como respuesta a la veratridina, sustancia
que se sabe produce una activación persistente de los
canales de sodio. Este transporte puede bloquearse por influencia
de las neurotóxinas tetrodoxina y saxitoxina y con
anestésicos locales. Empleando un análogo cuaternario
no permeante de lidocaína se puede demostrar que los
anestésicos locales y la tetrodotoxina interaccionan
en extremos opuestos del canal de sodio.
Las neurotoxinas y anticuerpos radioactivos contra las proteínas
purificadas de los canales permitieron visualizar los canales
de sodio en las membranas plasmáticas de células
excitables eléctricamente y su distribución
no es uniforme. Por ejemplo, mientras que se detectan pocos
canales en las regiones internodales de los axones mielínicos,
los canales de sodio ocuparían por lo menos el 15%
de la superficie de la membrana en los nódulos de Ranvier.
Por lo tanto, sólo es necesario que los anestésicos
locales tengan acceso a las regiones nodales para obtener
el bloqueo de la conducción.
Sensibilidad diferencial de las fibras nerviosas a
los anestésicos locales.
Como regla general, las pequeñas fibras nerviosas parecen
ser más susceptibles que las grandes a la acción
de los anestésicos locales. Esto se estableció
claramente para las fibras mielínicas A en trabajos
de Gasser y Erlanger en 1929, quienes revelaron que cuando
se aplica cocaína a un nervio cutáneo las ondas
gamma (de fibras aferentes cutáneas pequeñas)
son las primeras, y las ondas alfa ( de fibras grandes) las
últimas en desaparecer. Las más pequeñas
fibras nerviosas de mamíferos son amielínicas
y en conjunto se bloquean más fácil que las
fibras mielínicas. Sin embargo, el espectro de sensibilidad
de las fibras amielínicas se superpone en cierto grado
al de las fibras mielínicas: así es que algunas
fibras mielínicas A Delta se bloquean antes, y con
menores concentraciones de anestésico que casi todas
las fibras C. La sensibilidad a los anestésicos locales
no está determinada, pues, únicamente por el
tamaño de las fibras sino también por el tipo
anatómico de las mismas. Esto no es sorprendente en
vista de la gran diferencia entre la forma fisiológica
de conducción en las fibras mielínicas, donde
la conducción es saltatoria, y en las fibras amielínicas,
donde es continua. Otros factores todavía desconocidos
pueden determinar la susceptibilidad de una fibra a un anestésico
local. Por ejemplo, en el nervio vago del conejo las fibras
autónomas mielínicas B poseerían un factor
de seguridad más
grande para la conducción que las fibras mielínicas
A más grandes. Esto explicaría su menor sensibilidad
a los anestésicos locales. Aunque hay acuerdo general
sobre la velocidad diferencial
del bloqueo producido por anestésicos locales en fibras
de diferente tamaño, no está totalmente aclarado
si un efecto diferencial similar se produce después
de dejar tiempo suficiente para el equilibrio total del anestésico
local con el tejido. En efecto, Franz y Perry en 1974 comprobaron
que el bloqueo diferencial absoluto
se produce solamente cuando la longitud del nervio expuesto
al anestésico es de unos pocos milímetros.
La sensibilidad de una fibra a los
anestésicos locales no parece depender de si la misma
es sensitiva o motora. Aunque la aplicación de un anestésico
local en un tronco neuromuscular bloquea las contracciones
reflejas antes que las obtenidas por estimulación eléctrica
del nervio. Las fibras aferentes propioceptivas y las eferentes
del músculo poseen la misma sensibilidad. Estos dos
tipos de fibras tienen el mismo diámetro que es mayor
que el de las fibras motoras gamma que inervan los husos musculares.
Lo que origina la pérdida preferencial de los reflejos
musculares es el bloqueo más rápido de estas
fibras motoras más pequeñas en comparación
con el de las fibras sensitivas.
La estimulación computada sugiere
que el factor de seguridad para la conducción en una
población homóloga de fibras mielínicas
en un nervio somático por ejemplo tiene que ser en
gran medida independiente del diámetro de la fibra.
Esto concuerda con la sugerencia de Franz y Perry de que el
bloqueo diferencial no puede deberse a diferencias de las
concentraciones mínimas necesarias para bloquear axones
de diámetros diferentes, sino que resulta de diferencias
de las longitudes críticas de los axones que deben
exponerse al anestésico, pues los axones más
pequeños tienen menor longitud crítica debido
a sus también menores distancias internodales. En las
primeras etapas del desarrollo de la acción anestésica,
pequeñas longitudes discretas de las partes más
accesibles del tronco nervioso son las primeras en exponerse
al anestésico cuando éste se difunde hacia adentro
a lo largo de diversas rutas intrafasciculares. Las fibras
más pequeñas, con su menor longitud crítica,
quedad así bloqueadas mas rápidamente que las
fibras más grandes por las soluciones anestésicas.
El mismo razonamiento explica su recuperación más
lenta cuando el proceso se invierte.
La sensibilidad diferencial al bloqueo que muestran las fibras
de diferente tamaño tiene gran importancia práctica
y puede explicar porque existe un orden definido según
el cual las funciones sensitivas de un nervio son afectadas
por los anestésicos locales. Afortunadamente para el
paciente, la sensación de dolor es generalmente la
primera en desaparecer, y está seguida a su vez por
las sensaciones de frío, calor, tacto y presión
profunda, aunque hay gran variación individual.
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Efecto del PH
Como los anestésicos locales
consistentes en aminas no protonadas tienden a ser poco solubles,
suelen extenderse como sales hidrosolubles, generalmente clorhidratos.
Como los anestésicos locales son bases débiles,
estas soluciones de sales son muy ácidas, condición
que afortunadamente aumenta la estabilidad del anestésico
local y de cualquier sustancia vasoconstrictora acompañante.
Sin embargo, siempre debe existir una pequeña cantidad
de amina no protonada y es en esta forma que la droga puede
penetrar en los tejidos y producir una acción anestésica.
Numerosas investigaciones en las que anestésicos se aplicaron
a troncos nerviosos aislados o a la córnea, donde la
capacidad de buffer de los líquidos tisulares es limitada,
ha mostrado que el agregado de base a las soluciones anestésicas
locales aumenta su actividad. No obstante, las soluciones alcalinas
de las drogas no son más efectivas clínicamente.
La explicación probable es que, en las condiciones en
que se encuentran generalmente en el uso clínico, el
pH del anestésico local se iguala rápidamente
al de los líquidos extracelulares, cualquiera sea el
pH de la solución inyectada. Todos
los anestésicos locales comúnmente usados contienen
un átomo de nitrógeno terciario (o secundario)
y por lo tanto pueden existir como amina terciaria ( o secundaria)
sin carga o con el catión amonio sustituido cargado
positivamente, según la constante de disociación
(pKa) el compuesto y el pH de la solución. La ionización
de un anestésico local típico puede ilustrarse
así:
| R1 |
R1 |
| |
+ |
| R2 –NH = |
R2-N + H |
| |
|
| R3 |
R3 |
La pKa de cualquier anestésico
local típico de uso común varía entre
8 y 9, de modo que solamente del 5 al 20% se encuentra en
forma de base libre en el pH de los tejidos. Ésta fracción,
aunque pequeña, es importante porque generalmente la
droga debe difundirse a través del tejido conjuntivo
y otras membranas celulares para llegar a su sitio de acción
y se acepta generalmente que solo puede hacerlo en forma de
la amina no cargada. Una vez que el anestésico ha llegado
al nervio la forma de la molécula activa en las fibras
nerviosas sería el catión. Esta conclusión
tiene el respaldo de los resultados de experimentos en fibras
amielínicas anestesiadas de mamíferos en las
cuales la conducción podría bloquearse o desbloquearse
simplemente fijando el pH por medio circundante en 7,2 o 9,6
respectivamente, sin alterar la cantidad del anestésico
presente. Cuando el pH es bajo y la conducción está
bloqueada, casi todo el anestésico debe estar en su
forma catiónica. Esto indica que el catión se
combina con algún receptor en la membrana para impedir
la producción de un potencial de acción. Además
el papel principal del catión ha quedado claramente
demostrado por Narahashi y col. Usando análogos cuaternarios
de las aminas que son anestésicos locales. Sin embargo,
es evidente que ambas forma moleculares poseen actividad anestésica,
pero todavía no se ha elucidado si existe o no un solo
sitia receptor para estas dos formas.
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Dependencia de la frecuencia y dependencia del uso
El grado de bloqueo producido por una
concentración dada de anestésico local depende
marcadamente de cuanto y desde cuando se ha estimulado el
nervio. Un nervio en reposo es mucho menos sensible a un anestésico
local que otro estimulado recientemente y en forma repetida.
Cuanto mayor es la frecuencia de la estimulación precedente,
mayor es el grado de bloqueo obtenido por un shock de prueba.
Estos efectos de los anestésicos locales dependientes
de la frecuencia y del uso existen porque la molécula
de anestésico local en su forma cuaternaria tiene acceso
al receptor solamente cuando las “puertas“ de
la cara interna del canal de sodio se abren y porque el anestésico
local se une con mayor firmeza al estado inactivo del canal
de sodio y lo estabiliza. Los anestésicos locales muestran
estas propiedades en grado diferente que dependen por ejemplo
de su pKa, de su liposolubilidad y de su tamaño molecular.
Un anestésico que bloqueara la descarga sensitiva de
alta frecuencia, permitiendo el paso de la descarga motora
de baja frecuencia, sería sin duda clínicamente
valioso.
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Prolongación de la acción por el uso de vasoconstrictores
La duración de la acción
de un anestésico local es proporcional al tiempo durante
el cual el mismo está realmente en contacto con los
tejidos nerviosos. Por consiguiente, los procedimientos que
mantienen la localización de la droga en el nervio
prolongan mucho el periodo de anestesia. La misma cocaína
produce vasoconstricción probablemente por potenciación
de la acción de la norepinefrina, por lo tanto impide
su propia absorción. Braun, en 1903 demostró
que la adicción de epinefrina a las soluciones de anestésicos
locales prolonga e intensifica mucho su acción. En
la práctica clínica, por lo tanto, la solución
de un anestésico local contiene también generalmente
epinefrina ( 1/200.000), norepinefrina (1/100.000), o un simpático
mimético sintético apropiado por ejemplo, fenilefrina.
En general, la concentración de estos agentes constrictores
debe limitarse al nivel efectivo mínimo. La epinefrina
presta un doble servicio: al disminuir la velocidad de absorción,
no solo localiza el anestésico en el sitio deseado,
sino que también permite que la velocidad con la cual
se destruye en el organismo sea compatible con la velocidad
a la que se absorbe en la circulación. Esto reduce
su toxicidad sistémica.
Parte del agente vasoconstrictor puede absorberse sistémicamente,
a veces en grado suficiente para causar reacciones indeseables
como inquietud, aumento de la frecuencia cardiaca, palpitaciones
y dolor torácico. En estas circunstancias, el uso de
antagonistas adrenérgicos alfa o beta debe tenerse
en cuenta para contrarrestar las manifestaciones desfavorables
más prominentes de la estimulación adrenergica.
También puede haber una demora en la curación
de heridas, edema tisular o necrosis después de la
anestesia local. Estos efectos parecen deberse en parte a
que las aminas simpático miméticas producen
un aumento del consumo de oxigeno del tejido y esto junto
con la vasoconstricción lleva a la hipoxia y causa
daños locales en el tejido. Este es un problema especialmente
serio cuando los anestésicos locales se usan en cirugía
de dedos, manos o pies. La constricción prolongada
de grandes arterias frente a una circulación colateral
limitada puede producir daños hipoxicos y gangrena
irreversible. Además, los mismos anestésicos
locales pueden interferir en los procesos reparadores de la
curación de heridas.
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Acciones farmacológicas
Además de bloquear la conducción
en los axones del sistema nervioso periférico, los
anestésicos locales interfieren en la función
de todos los órganos en los cuales hay conducción
o transmisión de impulsos y por eso tienen importantes
efectos sobre el SNC, los ganglios autónomos, la unión
neuromuscular y todas las formas de fibras musculares. El
peligro de estas reacciones adversas es directamente proporcional
a la concentración del anestésico local que
se alcanza en la circulación. Esto depende mucho del
agente administrado, de la dosis empleada y del sitio y la
técnica anestésica.
Sistema nervioso central
Después de la absorción, todos los anestésicos
locales nitrogenados pueden causar estimulación del
SNC, produciendo inquietud y temblores que pueden llegar a
las convulsiones clónicas. En general, cuanto más
potente es el anestésico más fácil que
se produzcan convulsiones. Así pueden preverse las
alteraciones de la actividad del SNC según el agente
anestésico local en cuestión y la concentración
sanguínea alcanzada. Lamentablemente, en el EEG arroja
pocas o ninguna alteración que permita anticipar una
actividad convulsiva inminente. La estimulación central
está seguida de depresión y la muerte se produce
generalmente por insuficiencia respiratoria. Es posible proteger
a los animales de las dosis mortales de un anestésico
local mediante el uso de la respiración artificial.
La aparente estimulación y ulterior
depresión del SNC que se produce al aplicar anestésicos
locales, obedecerían con exclusividad a la depresión
de la actividad neuronal. Como los anestésicos locales
solo deprimen los reflejos espinales mono sinápticos
y poli sinápticos o de las respuestas eléctricas
evocadas directamente en bloques aislados de corteza cerebral,
la fase excitatoria in vivo obedecería a una depresión
selectiva de las neuronas inhibitorias. Esto concordaría
con los efectos supresivos de los anestésicos locales
frente a las convulsiones en animales experimentales y en
pacientes epilépticos (Covino, 1985)
La administración sistémica rápida de
anestésicos locales o grandes dosis de los agentes
más tóxicos administradas localmente, pueden
producir la muerte con signos transitorios o nulos de estimulación
del sistema nervioso central. En estas condiciones, la concentración
de la droga se eleva probablemente con tanta rapidez que todas
las neuronas se deprimen simultáneamente. Además
la función de los centros críticos que controlan
la respiración y el tono vasomotor puede deteriorarse
rápido, privando de oxigeno y de glucosa a las neuronas
que intervienen en los efectos aparentemente estimulatorios
de los anestésicos locales.
El apoyo de la respiración es
el aspecto esencial del tratamiento en la última etapa
de la intoxicación. Aunque los barbitúricos
son capaces de detener las convulsiones resultantes de dosis
tóxicas de los anestésicos locales se requiere
una dosis casi anestésica del barbitúrico la
dosis clínica habitual solo ofrece sedación
psíquica y poca protección. El diazepan es la
droga de elección para prevenir y detener las convulsiones.
Todos los anestésicos locales estimulan el SNC. Por
ejemplo, aunque la somnolencia es el síntoma mas frecuente,
la lidocaína puede producir disforia o euforia y contracciones
musculares con una concentración sanguínea de
5 microgramos por mililitro. Sin embargo, la lidocaina y la
procaína pueden producir una perdida de la conciencia
precedida solo por síntomas de sedación. La
cocaína ejerce un efecto muy destacado sobre el estado
anímico y la conducta, aunque esto lo comparten en
cierta medida otros anestésicos locales.
Unión neuromuscular y sinapsis ganglionar
Los anestésicos locales, también afectan la
transmisión en la unión neuromuscular. La inyección
intraarterial de 0,2 MG de procaína en el músculo
tibial anterior del gato reduce las contracciones y las respuestas
tetánicas provocadas por las series máximas
de descargas nerviosas motoras y la respuesta del músculo
a la inyección de acetilcolina. El músculo,
sin embargo, responde normalmente a la estimulación
eléctrica directa. Otros trabajos sugieren que la procaína
también disminuye la liberación de la acetilcolina
en las terminaciones nerviosas motoras. Efectos similares
se obtienen cuando la procaína se añade al líquido
de perfusión de un ganglio autónomo. Los efectos
de la procaína y de la fisostigmina son antagónicos
y los de la procaína y del curare son aditivos. La
acción postsinaptica de la procaína, en cambio,
difiere de la del curare en que la corriente de la placa terminal
se prolonga mucho más con anestésicos locales
y tiene un tiempo de deterioro de múltiples componentes
(Ruff, 1977) Los anestésicos locales no interfieren
en la trasmisión compitiendo simplemente con la acetilcolina
por el receptor, sino que parece ser que se forma un complejo
entre el transmisor, el receptor y el anestésico local
cuya conductancia parece ser insignificante.
Sistema cardiovascular
Después de la absorción sistémica, los
anestésicos locales actúan sobre el sistema
cardiovascular (Feldman y col 1985) El sitio principal de
acción es el miocardio, donde producen disminución
de la excitabilidad eléctrica, de la velocidad de conducción
y de la fuerza de contracción. Además casi todos
los anestésicos locales causan dilatación arteriolar.
Los efectos cardiovasculares se ven generalmente sólo
después de alcanzar altas concentraciones sistémicas
y de producirse efectos en el SNC (Scott en 1981), pero en
raras ocasiones pequeñas cantidades de anestésico
empleadas para la anestesia simple por infiltración
pueden causar colapso cardiovascular y muerte. El mecanismo
exacto es desconocido, pero se produce probablemente por un
paro cardiaco debido a una acción sobre el marcapaso
o a la iniciación repentina de fibrilación ventricular.
Esta reacción puede seguir a la administración
intravascular inadvertida del agente, en particular si el
preparado contiene epinefrina. Las formas ionizadas y las
no ionizadas pueden tener importancia en estos efectos.
Estudios del músculo auricular y ventricular aislado
revelan que la procaína se parece a la quinidina en
su acción cardiaca en cuanto aumenta el periodo refractario
efectivo, eleva el umbral de estimulación y prolonga
el tiempo de conducción. Estas acciones cardiacas de
la procaína y los característicos cambios de
ECG que las acompañan tendrían interés
terapéutico si no fuese por la rápida destrucción
metabólica del compuesto y la propensión de
la procaína a causar estimulación central. Los
estudios de derivados de la procaína condujeron a la
introducción de la procainamida.
Músculo liso
Los anestésicos locales deprimen las contracciones
de las tiras del intestino aislado y en el intestino intacto.
Sin embargo, hay poca correlación entre la potencia
anestésica y la eficacia antiespasmódica. También
relajan el músculo liso vascular y bronquial, aunque
en concentraciones bajas pueden producir contracción
primero.
La anestesia espinal y epidural, así como la instilación
de anestésicos locales en la cavidad musculatura peritoneal,
causan parálisis del sistema nervioso simpático
que puede aumentar el tono de la musculatura gastrointestinal.
Casi todos los anestésicos locales pueden aumentar
el tono en reposo y disminuir las contracciones del músculo
uterino humano aislado, pero las contracciones uterinas rara
vez se deprimen durante la anestesia regional intra parto.
Hipersensibilidad a los anestésicos locales
Muy pocas personas muestran hipersensibilidad a los anestésicos
locales, que pueden manifestarse como dermatitis alérgica,
un típico ataque de asma o una reacción anafiláctica
mortal. La hipersensibilidad parece ser más prominente
en respuesta a anestésicos locales del tipo éster
y frecuentemente se extiende a compuestos químicamente
relacionados. Por ejemplo, los individuos sensibles a la procaína
pueden también reaccionar a compuestos estructuralmente
similares (tetracaína) Los agentes del tipo amida están
esencialmente libres de este problema, pero las soluciones
pueden contener preservativos que lo producen (Covino en 1985)
Algunos antihistamínicos se usan ocasionalmente como
anestésicos locales en las personas que se han vuelto
hipersensibles a todos los agentes convencionales. Estos antihistamínicos
tienen presumiblemente los caracteres estructurales generales
necesarios para la actividad anestésica local sin los
determinantes antigénicos específicos de las
drogas convencionales.
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Destino de los anestésicos locales
El destino metabólico de los anestésicos locales
tiene gran importancia práctica porque su toxicidad
depende en gran parte del equilibrio entre su velocidad de
absorción y de destrucción. Como ya dijimos,
la velocidad de absorción de los agentes anestésicos
puede reducirse considerablemente con la incorporación
de un agente vasoconstrictor en la solución anestésica.
Sin embargo, la velocidad a la que se destruyen es muy variable,
y éste es un factor importante para determinar la inocuidad
de un agente anestésico dado. Además la unión
del anestésico a los tejidos reduce la cantidad que
aparece en la circulación sistémica y por ende
la toxicidad. Por ejemplo, en la anestesia regional intravenosa
de una extremidad, más o menos la mitad de la dosis
anestésica original sigue ligada a los tejidos 30 minutos
después de quitar el torniquete.
Muchos anestésicos locales comunes (procaína
y tetracaína) son ésteres y, su toxicidad se
pierde generalmente por la hidrólisis, que en su mayor
parte está a cargo de una esterasa plasmática
que sería la colinesterasa, aunque también participa
el hígado. En vista de que el líquido cefalorraquídeo
contiene poco o nada de esterasa, la anestesia obtenida mediante
una inyección intratecal de un anestésico persiste
hasta que el agente anestésico local ha pasado a la
sangre.
Los anestésicos locales por enlace amídico suelen
ser degradados por el retículo endoplasmático
hepático en reacciones iniciales en las que participan
N-desalquilación y luego hidrólisis, pero en
la degradación de la prilocaína el primer paso
es hidrolítico, con formación de metabolitos
de o.toluidina que pueden ocasionar metahemoglobinemia. Como
los animales con daño hepático experimental
son mucho más susceptibles a la acción tóxica
de los anestésicos locales, en pacientes con lesión
hepática severa se debe evitar el empleo extenso de
anestésicos locales con enlaces amídicos porque
estos anestésicos se fijan mucho (55 a 95%) a las proteínas
plasmáticas, en particular la glucoproteína
ácida alfa. Muchos factores aumentan ( cáncer,
traumatismo, infarto de miocardio, tabaquismo, uremia) o reducen
(anticonceptivos orales) la concentración de esta proteína
en el plasma y esto acarrea alteraciones en la cantidad de
anestésico que se entrega al hígado para su
metabolismo, con la consiguiente influencia sobre la toxicidad
sistémica. En la distribución de los anestésicos
locales amídicos en el organismo también sería
importante la captación por el pulmón ( Rothstein
y col. 1983. Arthur, 1985)

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